Concha y Toro

Hace algunos días fui a un boliche en la ciudad. Entré temprano para ahorrarme la entrada y fui directo a la barra. Pedí un whisky ‘on the rocks’ que intenté hacerlo durar todo el tiempo posible… la noche era joven. Cuando mi vaso quedó vacío pedí otro whisky y luego de este le solicité a la chica de la barra que me dejara a mano una cerveza y un nuevo vaso. Poco más de una hora había pasado desde que entré al local bailable.

Aún no había comenzado con el segundo sorbo de mi bebida cuando una chica rubia, de esbeltas curvas y suave menear de caderas se acerca a la barra y pide un trago de colores extraños. Mientras esperaba su trago, sin mediar palabra, tomó mi vaso de cerveza y se lo acabó de un tirón. Yo seguía inmóvil en mi taburete acodado en la barra, y sin siquiera mirarla y con actitud de ganador recargué el vaso y seguí bebiendo.

El barman le entregó el extraño brebaje, ella bebió un sorbo con un largo popote y me dijo algo sobre la música que estaban pasando en ese momento. Comenzamos a charlar con los labios cada vez más cerca del oído de nuestro interlocutor, pues el volumen de la música dificultaba el diálogo. Cuando las bebidas se agotaron ella me tomo de la mano y me condujo hacia el tocador de damas, fueron 10 minutos excepcionales!!  Luego bailamos un par de temas y volvimos a la barra.

Mientras servía los vasos con una nueva cerveza, un tipo de considerable estatura, pelado, musculoso de esos con remera ajustada y cara de malo se acercó y tomándola del hombro preguntó en tono despectivo:

-¿ Y quién es este tipo?

Por suerte había visto muchas películas de Bruce Willis y supe exactamente que hacer. Con toda mi actitud de ganador continué sirviendo mi vaso sin decir una palabra, y con una sonrisa sobradora plasmada en el rostro seguí bebiendo en la barra, de espaldas a la pista mientras la rubia se alejaba con aquel forzudo a quién yo…. le había puesto los cuernos.

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