Los métodos piqueteros

[Escrito para el boletín del Centro de Estudiantes de Ingeniería]

El pasado mes de agosto nuestro Centro de Estudiantes fue invitado a participar en el Segundo Encuentro Nacional de Estudiantes de Ingeniería [II ENEI] en la ciudad de Río Cuarto, Córdoba. Tras escasas dos semanas de coordinación partimos hacia la vecina orilla una delegación de 25 compañeros que participaríamos en el encuentro.

Casi cinco horas después de haber salido, nos encontrábamos cruzando sin problemas el puente internacional que une la ciudad de Paysandú con la ciudad vecina de Colón.

Pero no con la misma suerte fue que intentamos cruzar nuevamente dos días más tarde para volver a nuestro país, pues al llegar a la frontera, no sin mucho asombro advertimos que el camino se encontraba obstaculizado en la totalidad de su ancho por sendos objetos y adminículos varios de distinta naturaleza. Tanques, vigas, palos, troncos, cordones y algunos vehículos se encontraban allí depositados, celosamente vigilados por un grupo no mayor a 15 piqueteros de los cuales 10 eran adultos mayores. Luego de informarnos con algunos lugareños, ajenos a la manifestación que el corte finalizaría dentro de aproximadamente tres horas, algunos de los que allí estábamos nos acercamos desvergonzadamente a donde los manifestantes, siendo recibidos de muy buena manera aún cuando nos identificamos como uruguayos que queríamos volver a casa. No paso mucho tiempo hasta que nos pusimos a charlar animadamente sobre el conflicto ambiental que agobia a ambos países, mientras uno de los piqueteros nos repartía panfletos ambientalistas a favor del cierre de las plantas.

La primera persona que se nos acercó fue un muchacho joven, de no más de 30 años, vestido con jean, botas de lluvia, gorro y campera. Y sobre la campera, una remera que lucía el clásico grito de guerra “No a las papeleras”. Aquel individuo dejaba ver en su acento esos aires de hombre de campo con poca formación, particularidad que confirmamos minutos más tarde cuando con todo ímpetu comenzó a relatar historias de animales muertos y personas enfermas a causa de una nube tóxica de 60 km de diámetro emanada por las chimeneas de BOTNIA en una de las pruebas. Intentando indagar en los motivos que los habían llevado a tomar sus medidas de protesta, el hombre contestó que ellos también cortaban la ruta “porque la contaminación puede subir hasta Colón porque el Río de la Plata se satura”.

Permanecimos allí cerca de dos horas, hasta que levantaron el corte para evitar una inminente situación violenta con los viajantes que se habían acumulado durante las siete horas que llevaba cortada la ruta, dialogamos con varios de los piqueteros. Estuvimos allí en el momento en que la gendarmería se acercó, como todos los días, a leer el acta judicial que según nos dijo una mujer que parecía ser la que lideraba el grupo, con frecuencia es modificada en pequeñas palabras que resultan muy significativas. Esta vez el acta decía que lo que allí acontecía era un corte simbólico. La firma de los piqueteros legitimando el acta, hubiese sido la vía libre a los gendarmes a despejar la ruta sin necesidad de pedir por favor.

No encontramos allí personas malintencionadas, violentas o reaccionarias como a veces nos pintan los medios, sino que por el contrario nos topamos con gente profundamente convencida de una causa ambientalista y muy coherentes en sus formas de actuar, algunos amenazados y hasta despedidos de sus trabajos por defender un río que consideran tan suyo como nuestro. Personas protestando contra las papeleras instaladas en Uruguay y no contra el pueblo uruguayo, con un sistema de asamblea que tiene poco de representativa pero mucho de soberana a diferencia de Gualeguaychú donde los partidos políticos han corrompido la independencia y los objetivos del movimiento.

Sin duda el contexto en Colón es muy distinto al de Gualeguaychú, sin duda los cortes perjudican más de lo que ayudan, muchos de nosotros aún dudamos cuánto contaminan las plantas pero no nos cuestionamos que si no fuera por los piqueteros el control ambiental sobre las papeleras hubiese sido un simple trámite como a menudo sucede en este país.

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