Tal como las letras de los Redondos, estos son cuentos para leer, y no para entender.
“… No tuve más remedio que quedarme quieto en mi lugar. Aquellas palabras habían provocado que mi cuerpo se paralizara por completo.
– ¿Una flor? –pregunté desconcertado. -¿Cómo es eso posible?
– Yo tampoco lo sé. – respondió sin siquiera mirarme. Dio media vuelta y siguió su camino.
Nunca entendí, pero en ese momento me dieron ganas de estar sentado en la cima del Everest mirando a todo el mundo debajo de mi, y desde allí arriba sentirme Dios y ver más allá de lo que piensan, ver lo que sienten, sentir lo que ven, sufrir sus vidas, y pasar inadvertido. El deseo de muchos mortales: Ingenuos, inteligentes, racionales, románticos y pesimistas.
Pero una simple flor… ya era algo más que eso, no era yo pero era parte de mi. Delicada y hermosa, involuntaria y exigente al mismo tiempo. Allí estaba creciendo en mi, brotando desde mi pecho, sacando su tímidos pétalos hacia la luz, viviendo de mis latidos, nos habíamos convertido en simbiontes perfectos. Yo latía con más fuerza para que ella pudiera sobrevivir y a cambio perfumaba mi existencia.
Sabios y jardineros de todo el mundo se acercaron a observarla. Mientras ella presentaba sus mejores colores al mundo yo regaba sus raíces con dolorosas lágrimas, temblaba y me esforzaba para no sentir. Sus raíces habían crecido y apretaban mi corazón que ya no latía con la misma fuerza. Lo que una vez había sido el misterio más grande hoy era una tortura que me llevaba a una muerte lenta.
Viajé y caminé hasta encontrar un lugar donde terminar con este sufrimiento, acabaría con este mal para siempre pues no podía desearle a nadie tan dolorosa belleza.
Acostado en la arena, donde la flor nunca podría crecer, recordé aquella respuesta y cerré mis ojos para nunca volver a mirar.
Nunca entendí, y cuando pude volver a caminar alguien me preguntó algo que no alcancé a oír. Me detuve y sin siquiera mirar dije:
- Una flor.
- ¿Una flor, como es eso posible?
- Yo tampoco lo sé. – Di media vuelta y seguí mi camino. Al fin lo había comprendido.